El transporte público es centralizado, planificado, rígido, lento y caro.
Mientras que el carpooling de segunda generación es distribuido, espontáneo, flexible, más rápido y nos ayuda a ahorrar.
El transporte público se basa en que una autoridad (o una empresa que depende de ella), adquiere una flota de ciertos vehículos de transporte colectivo (autobuses, metro, etc.), y presta un servicio para llevar a cualquier viajero; Habitualmente a cambio del pago de un billete (que normalmente no cubre el coste del viaje, porque su precio suele estar fuertemente subvencionado, con cargo a los impuestos que pagan los propios ciudadanos).
La forma de operar esta flota es mediante el concepto de líneas, que recorren una serie de paradas a lo largo de algunas rutas. La planificación consiste en prever qué recorridos necesita hacer la gente, dónde colocar las paradas para tomar y dejar viajeros, y estimar qué frecuencia de paso se necesita para prestar un servicio aceptable, con cierta regularidad.
El número y tamaño de los vehículos de una flota de transporte público se dimensiona en función de esta demanda. Pero hay un problema:
Las horas punta.
La mayoría de los desplazamientos de la gente son para ir a trabajar y para volver a casa, y se producen concentrados en ciertos momentos, cuando el transporte público se ha de sobredimensionar y aún así tiene problemas para dar abasto a esos grandes picos de demanda (incluso con autobuses de 15 toneladas cada uno, o más).
Luego, durante el resto del día hay muchos menos viajeros que llevar. Pero ha de mantenerse una regularidad en la línea para que no se resienta el servicio, por lo que esos enormes autobuses siguen circulando sin parar (mientras desperdician la mayoría de sus plazas, y cada uno consume y contamina como 9 coches).
El centro de la ciudad suele estar muy bien servido por el transporte público, con abundancia de líneas que se entrecruzan. Es el mejor medio para moverse por allí, porque además las distancias son pequeñas, y resultan unos tiempos de desplazamiento cortos.
Sin embargo, las ciudades crecen, y cada vez menos personas pueden permitirse vivir en el centro; Además, las empresas también prefieren situar los centros de trabajo en la periferia, donde el coste de las oficinas y naves industriales es menor. Por lo tanto, no paran de aumentar las distancias de esa gran mayoría de los desplazamientos, que son entre casa y trabajo. Y para hacer en transporte público estos viajes más largos, se tienen que hacer uno o varios trasbordos, lo que llega a multiplicar hasta por 3 o 4 veces el tiempo de desplazamiento (respecto al necesario para ir en coche de puerta a puerta)
Por eso, cada vez hay más gente que piensa que, para no perder todos los días una hora en ir a trabajo, y otra en volver a casa, no queda más remedio que ir en coche. Y son muchísimos los que están yendo cada uno en su propio coche (tirando el dinero al desperdiciar 4 asientos libres por viaje).
Paradójicamente, en hora punta, en los momentos en que el transporte público apenas da abasto para llevar a tanta gente (que además tiene que perder mucho tiempo haciendo trasbordos), hay millones de asientos vacantes desperdiciados en una multitud de coches que se mueven en todas direcciones por la ciudad y sus alrededores.
¿Por qué no aprovechar los asientos libres de algunos de esos coches, para llevar a otros de los que van en la misma dirección que el conductor?
Las encuestas coinciden en indicar que «6 de cada 10 españoles compartirían coche a diario, para ahorrar».
Juntando en un sólo coche a varios de los que vamos en la misma dirección, necesitaremos mover menos coches para ir la misma gente (aliviando nuestros problemas para aparcar en el trabajo, los atascos de tráfico de hora punta y la contaminación, además de poder compartir entre varios los gastos del viaje, para ahorrarnos cada uno más de la mitad).
Gracias al carpooling, más personas podremos disfrutar de la rapidez y comodidad de ir en coche, casi de puerta a puerta, pero a coste de bus, al compartir gastos. Y ya no dependeremos cada uno de su propio coche, ni tendremos que perder tiempo en hacer trasbordos.
Y además, incluso podremos echar una mano al transporte público, quitando algunos viajeros de las horas punta, para suavizar el pico de la demanda.
Frente al gran coste que tiene adquirir y operar una flota de vehículos específicos para el transporte público (que es la suma del precio del billete más los impuestos con los que este se subvenciona), el carpooling aprovecha los asientos libres de unos vehículos que ya existen, durante unos viajes que sus conductores iban a hacer de todos modos. Unos asientos que son gratis, porque de otra forma se iban a desperdiciar. Y gracias a nuevas apps de carpooling de segunda generación como (como DedoCar) se consigue ahorrar más de la mitad: Al dividir automáticamente el coste del viaje entre varios, cada viajero se ahorra a partir del 50% (en cuanto sube al coche el primer pasajero).
Frente a la rigidez de rutas, paradas, y frecuencia de paso planificadas en las líneas del transporte público (y el grave problema de los grandes picos de demanda de las horas punta, con profundos valles entre medias), el carpooling aprovecha los asientos libres de una multitud de coches que ya están circulando justo cuando más se necesitan. Unos coches que (a diferencia de los autobuses) no seguirán dando vueltas todo el día, sino que sólo volverán a circular en el viaje de vuelta, cuando volverán a ofrecer sus plazas libres en el otro pico de la hora punta de la tarde. Los momentos de mayor disponibilidad de asientos libres en nuestros coches particulares coinciden con los momentos de más demanda de viajeros.
Y además, el carpooling de segunda generación (con nuevas apps como DedoCar) lo hace con la flexibilidad añadida de organizar los viajes sobre la marcha. Sin que quienes comparten sus viajes en coche tengan que adquirir un compromiso para todos los días, ni para la ida y la vuelta, ni tener que estar pendientes de ser puntuales a las citas. Simplemente pulsan un botón en sus apps cuando están listos para salir, y la plataforma va casando a cada pasajero con el primer conductor que pasa yendo en su misma dirección (con asientos libres, y ganas de aprovecharlos). Y va diciendo sobre la marcha a cada conductor que ofrece los asientos libres de su coche donde está listo para recoger el siguiente pasajero (al que luego podrá dejar al pasar junto a su destino, sin desviarse de su propia ruta).
Aunque solamos coincidir casi siempre con los mismos compañeros de viaje (los que vamos en esa dirección casi a la vez), la app te propondrá ir con el más cercano en cada ocasión.
Apúntate tú también a ir a trabajar aprovechando asientos libres de coche (como conductor o como pasajero).
https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfcH2CGk_qag_Q8QDLe3mzRo6tWbvCuJOw29e55K3QSxyg3RQ/viewform?pli=1