La utopía fallida del coche autónomo y el robotaxi

En 2026 la tendencia de moda era la tecnología del coche autónomo y hacer experimentos con robotaxis. Las ciudades de Europa se peleaban por ver cuál era la primera cuyas calles se llenaran de nuevos taxis sin conductor.

Algunos tecno-optimistas, que se habían autoproclamado expertos en movilidad, vieron el cielo abierto, y se hicieron un lío mezclando el coche autónomo, con el coche eléctrico, el coche volador y el coche compartido.
No se dieron cuenta de que lo único que podía mejorar los problemas de movilidad de las ciudades era conseguir desperdiciar menos asientos libres en cualquiera de los vehículos que se mueven por ellas.

La mayoría de expertos (normalmente adoctrinados desde cátedras universitarias sesgadas por la ideología woke, que estaba de moda por aquel entonces) planteaban teorías sobre la movilidad en abstracto, y no calibraron el problema clave:
Los altos picos de demanda de plazas de transporte en las horas punta, cuando la mayoría de los ciudadanos tenemos que ir a trabajar y volver a casa prácticamente a la vez. Cuando nunca podría haber taxis suficientes para llevarnos a todos (o luego se pasarian el resto del día parados, o peor aún, circulando vacíos), ni los trabajadores nos podríamos permitir tomar dos al día, (por el beneficio de las empresas gestoras de flotas de taxi que, aunque se ahorraran el sueldo del taxista, tendrían que pagar el sobrecoste del vehículo por los archiperres y la tecnología necesarios para la conducción autónoma).

Fieles a sus creencias, y con la ignoracia selectiva ya menciona, los expertos abogaron por autobuses de más de 15 toneladas. Resultando que apenas daban abasto en hora punta, y luego se pasaban el resto del día dando vueltas (para mantener una regularidad en el servicio) mientras desperdiciaban muchos asientos libres y cada uno consumía y contaminaba como 9 coches, dejando de ser tan eficientes, económicos y sostenibles como pretendían hacernos creer.

Cegados por su doctrina, no se fijaron en que los datos indicaban que en los coches que ya circulaban por la ciudad había más asientos libres que pasajeros viajaban en metro y bus juntos. Y que la mayoría de esos asientos estaban disponibles justo cuando más se necesitaban: En las horas punta, para llevar al trabajo a otros que iban en la misma dirección que el conductor.
Tampoco atendieron a las encuestas hechas a los viajeros, que coincidian en indicar que «6 de cada 10 españoles compartirían coche a diario, para ahorrar».

Afortunadamente, contra viento y marea, DedoCar lanzó en Madrid una app de compartir coche para ir a trabajar, donde pulsabas el boton «salgo ya» y sabías en el acto con quienes más podías compartir el viaje, pudiendo ahorrarte tiempo, problemas de aparcamiento, atascos, contaminación, y más de la mitad de los gastos de viaje (que con esta app eran compartidos automáticamente entre el conductor y uno o varios pasajeros que habían ido juntos).

Gracias a esto, cientos de miles de ciudadanos pudieron disfrutar de hacer sus recorridos cotidianos con la rapidez y comodidad del coche (similares a ir en taxi, algo que antes para muchos era impensable, y menos en hora punta), y con un coste reducido (similar al del bus).

Y, al moverse más gente en menos coches, se redujeron tanto los atascos de tráfico de las horas punta (donde antes los vehículos atrapados consumían y contaminaban hasta un 80% más de lo normal), que las emisiones de CO2 de la ciudad disminuyeron en un millón de toneladas al año.
Y así el ayuntamiento de Madrid pudo vanagloriarse de ser la gran ciudad con menos contaminación de Europa, incluso desactivando la Zona de Bajas Emisiones salvaje que anteriormente había impuesto a todos los madrileños, y que había sido tumbada por los tribunales de justicia.

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Autor: Martin en DedoCar.org

Necesitamos una app para compartir coche al trabajo

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