La guerra de los coches

El carsharing, frente al taxi, frente al coche privado y frente al ridesharing o carpooling.
¿De quién serán los coches del futuro?

 

Vivimos en una guerra donde está en juego la propiedad y el uso más o menos eficiente de los vehículos que utilizamos para movernos por la ciudad cada día.
Es una lucha de intereses cruzados entre unos usuarios necesitados de transporte, y las distintas empresas prestadoras de servicios (como el transporte público, o el alquiler de vehículos con o sin conductor), o las suministradoras de productos relacionados con la movilidad (como fabricantes de coches o vendedores de seguros o de combustibles).

 

A propósito de esta guerra, en estos días podemos ver en televisión un anuncio de coches, donde unos chavales se compran uno nuevo, pero lo dejan aparcado para irse al centro en autobús.

Se trata de un fabricante de coches que envía a sus clientes el mensaje: “cómprame un coche, aunque luego no lo puedas usar”.

Resulta chocante en un momento en que:

  • Los jóvenes cada vez se sacan más tarde el carné de conducir, y muchos prefieren que les regalen un buen móvil o un ordenador en vez de un coche. Porque los milenials ya saben que no hace falta poseer físicamente el coche (lo que acarrea unas complicaciones que no quieren), sino que tan solo necesitan tener acceso a una forma de moverse de un sitio a otro, de modo puntual, fácil y económico.
    Sin embargo, el anuncio parece tratar de revertir esta tendencia, mostrándonos dos jovencitos contentos de tener un coche nuevo.
  • Vivimos en plena época de “cochefobia”. Las autoridades urbanas, la prensa y los progres se ponen de acuerdo en culpar al coche de todos los males, y en decirnos que hay que restringir el tráfico rodado y el aparcamiento en el centro de la ciudad.
    Sin embargo, el anuncio parece tratar de disociar la propiedad y el uso del coche. Una cosa es tener un coche propio (que mola), y otra usarlo para ir a todas partes (que resulta problemático).

 

Y en eso le tenemos que dar la razón.

Si tú te das un capricho, te compras el coche que te gusta, y lo tienes guardado en el garaje, para sacarlo a dar un paseo por la sierra un día que te apetezca, no hay nada malo en ello. ¡Como si te puedes permitir coleccionarlos y tienes varios! No haces daño a nadie con ello.

 

Lo que nos crea problemas, no es tener un coche, sino que mucha gente tenga que mover el suyo cada día.

 

Ocurre que las ciudades crecen sin parar. Ya no se puede llegar al trabajo andando, sino que cada vez resulta más difícil tardar menos de una hora en transporte público. Cada vez somos más gente yendo en coche y resulta difícil aparcarlos todos en el centro, en los polígonos industriales o en los centros empresariales donde están los puestos de trabajo.

Además estamos sujetos a unos horarios por los que la mayoría tenemos que movernos a la vez, y en las horas punta nos pillan los atascos de tráfico, que nos hacen perder tiempo cada día (tres o cuatro veces más de lo normal), y que hacen que el coche consuma demasiado combustible y que contamine el aire más de la cuenta (un 80% más).

 

Para echar más leña al fuego, aparecen los oportunistas.

 

Nuevas empresas tecnológicas de Silicon Valley, que vienen respaldadas por multimillonarios fondos de inversión de capital riesgo, pretenden pescar en río revuelto, para ganancia de pescadores.

Aprovechan la coyuntura para lanzarnos su mensaje: “tener coche es malo, no tengas tu propio coche, sino utiliza uno de los míos”. Unos dicen: “alquilándomelo por horas”, y otros “déjate llevar por uno de mis chóferes, que (como no los tengo en nómina y puse la sede de la empresa en Delaware, donde apenas pago impuestos) te sale un poco menos caro, que ir en un taxi de los de toda la vida”.

 

Que no se engañen, ni pretendan engañarnos:
El carsharing no es la solución.

 

Puede que esto sirva para alguien que solo se tenga que mover esporádicamente; pero pagarles a ellos cada día está fuera del alcance de la mayoría de los trabajadores.

Pues, aun así, estas plataformas (que se autodenominan de “carsharing”, aunque son puro negocio y no tienen nada de economía colaborativa) se publicitan como que son muy “cool” porque “comparten coche”, y hasta vaticinan que en el futuro no habrá coches particulares, sino que solo habrá flotas de sus coches de alquiler y de sus taxis; e incluso que serán todos robotizados y se conducirán solos (es la esperanza que tienen, para ahorrarse pagar un sueldo al conductor).

 

Pero lo cierto es, que los ciudadanos seguimos sufriendo la carestía del transporte (que es la tercera mayor partida de los presupuestos familiares, después de la vivienda y la alimentación), y seguimos teniendo problemas de tráfico, de aparcamiento y de contaminación en las ciudades.

 

Con todo este lío, las opiniones están divididas:
¿De quién es la culpa? ¿Del coche o de quien lo conduce?

 

Si sabemos que ir en tu propio coche te sale cinco veces más caro que en transporte público, y que atascas y contaminas más la ciudad.
¿Por qué lo seguimos haciendo?

Porque para muchos, ir en transporte público (que es una solución más económica y sostenible) les supondría perder cada día más de una hora de ida y otra de vuelta.

Ante esta situación, cuando en coche tardas la mitad, muchos sentimos que “no nos queda más remedio que ir en coche”. Y es entonces cuando nos convertimos en esclavos de utilizar el coche cada día para ir a trabajar, o a estudiar.

Y lo peor es que utilizamos cada uno el suyo.

Pollution rides in the empty seat

En vez de buscar culpables, será mejor estudiar el caso en profundidad, para encontrar soluciones más sensatas y creativas (algo mejor que ir a lo fácil: prohibir el coche y multar al conductor; o hacer ciencia-ficción con coches que se conducen solos, o que vuelan).

 

Los datos de Madrid son aplastantes, y nos dan buenas pistas:

  • El 83% de los vehículos que circulan son coches particulares.
  • De cada cinco coches, cuatro llevan solo al conductor.

Conclusión:

Cada día se están desperdiciando en Madrid más de cuatro millones de asientos libres (esto son más plazas de transporte que personas viajan en metro y autobús juntos), y la mayoría de ellos van casi vacíos durante la hora punta, justo cuando más problemas de transporte hay.
Esto es muy poco eficiente. Y, cada vez que se derrocha, alguien acaba “pagando el pato”. Lamentablemente suele ser el más débil.

 

Aquí se aprecia una clara oportunidad de mejora.

No tiene sentido que, precisamente cuando faltan medios para transportar a la gente, sea cuando más plazas vacantes se desperdician en los coches.

Y además, cualquiera que se haya fijado (mirando a su alrededor mientras estaba atrapado en un atasco en las vías radiales o de circunvalación), ha visto que hay miles de personas yendo en la misma dirección, unos detrás de otros, pero cada uno en su propio coche.

 

La mejor solución es el ridesharing o carpooling.

 

¡Blanco y en botella!

¿Por qué no ir a trabajar varios juntos en cada coche? Al estilo de lo que hace BlablaCar en los viajes interurbanos.

Además de ahorrar compartiendo gastos, quitaríamos coches del tráfico y se aliviarían mucho los problemas en la ciudad (atascos, contaminación, aparcamiento), que acabamos sufriendo nosotros mismos.

 

Si atendemos a lo que interesa a la sociedad y a los ciudadanos, la clave para solucionar nuestros problemas no es compartir los coches (el “carsharing”), sino compartir los viajes (lo que en inglés se llama el “ridesharing” o “carpooling”).

 

Con las plataformas de carsharing, da lo mismo que un “taxi” primero te lleve a ti y luego a mí, o que ahora tú alquiles un coche y después lo alquile yo. Cada coche sigue llevando un solo viajero, y así no solucionamos gran cosa.

 

Las maravillas de “compartir coche” que nos quieren vender aquellas plataformas, no son tal solución, porque en realidad no quitan coches del tráfico.
De hecho, actualmente ocurre todo lo contrario:
Los fabricantes están encantados con las ventas para equipar estas nuevas flotas de más coches que se ponen en circulación (como Daimler con los Car2Go).

 

Sin embargo, nunca habrá suficientes taxis ni coches de alquiler para llevarnos a todos en hora punta.  Por una sencilla razón: porque si los hubiera, estarían ociosos el resto del día, y estas empresas no invierten ni se meten en negocios para perder dinero.

 

Lo sensato no es poner en circulación nuevos coches, sino utilizar bien los que ya tenemos.

 

En vez de poner en funcionamiento más taxis, o nuevas flotas de coches de alquiler ¡Aprovechemos en beneficio de los propios ciudadanos, la enorme cantidad de plazas libres que llevan nuestros coches particulares!

 

Para ganar en calidad de vida, aprovechando bien los viajes en coche, solo necesitas una app de smartphone que te señale a otras personas dispuestas a compartir gastos que siguen una ruta similar a la tuya.

 

Y con tu ayuda, lo vamos a lograr.

¡Apúntate a DedoCar, la comunidad de autoestopistas urbanos que utilizan una app de carpooling para ahorrar y evitar problemas!

La app de DedoCar te dirá en el acto con quien puedes compartir tu recorrido en coche, para ir a trabajar, a estudiar, de vuelta a casa, o cualquier otro trayecto por la cuidad.

 

Tú eliges lo que más te conviene.
Puedes ir como el pasajero que disfruta la comodidad y rapidez de un coche con chofer, a precio de autobús; o (si te gusta conducir tu propio coche) puedes ser el conductor que comparte sus asientos libres y recupera hasta ¾ partes de sus gastos.

 

Cuantas más personas vamos juntas en cada coche, más ahorramos y conseguimos mejor calidad de vida para todos.

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